
Talleres, formación y charlas sobre enfado y comunicación
Porque al trabajo, además del tupper, también nos llevamos nuestras emociones.
Nos enfadamos cuando alguien no hace lo que esperábamos.
Cuando tenemos que repetir algo cuatro veces.
Cuando sentimos que no nos escuchan.
Cuando no estamos de acuerdo con una decisión.
Cuando alguien trabaja a un ritmo que nos desespera.
O cuando llevamos semanas evitando una conversación porque sabemos que puede acabar regular.
Y también cuando tenemos responsabilidad sobre otras personas, necesitamos que los resultados salgan y descubrimos, una vez más, que que una parte del equipo no funciona exactamente como nosotros.
Lo sé.
Buena parte de lo que hoy enseño sobre enfado, comunicación y relaciones empezó precisamente trabajando y liderando equipos.
Porque en un equipo no necesitamos estar siempre de acuerdo.
Necesitamos poder discrepar, saber defender nuestras ideas, decir que no, pedir cambios, poner límites y tener conversaciones que seguramente no nos apetezcan.
La cuestión es cómo hacemos todo eso cuando además estamos enfadados, frustrados o cansados.
Todo eso se puede trabajar.
Y podemos aprender a gestionarlo de otra manera.
El desacuerdo también es necesario
A veces parece que una buena comunicación consiste en lograr que todo el mundo se entienda, esté de acuerdo y salga feliz de la reunión.
Esa idea parece estupenda.
Pero no suele funcionar así.
En un equipo hay diferentes maneras de pensar, trabajar, tomar decisiones y entender lo que está ocurriendo.
Y eso no tiene por qué ser un problema.
El desacuerdo también es necesario.
Nos permite cuestionar ideas, detectar errores, plantear alternativas, ver lo que quizá no estábamos viendo y tomar mejores decisiones.
El problema aparece cuando dejamos de discutir sobre una idea y empezamos a pelearnos por tener razón.
Cuando evitamos decir lo que pensamos para no generar conflicto.
Cuando vamos acumulando hasta que un día lo soltamos todo junto.
O cuando el enfado empieza a decidir por nosotros qué decimos y cómo lo decimos.
Gestionar mejor el enfado no significa conseguir que en un equipo nadie se enfade.
Significa aprender a gestionar lo que nos pasa cuando eso ocurre.


ABC Bienestar
«No enfadarse nunca tampoco es necesariamente señal de equilibrio emocional.»
A veces también callamos, cedemos o evitamos conversaciones para no generar conflicto.
¿Cómo podemos trabajarlo?
Dependerá de qué necesitéis.
No me parece un buen plan sacar una formación del cajón y repetirla exactamente igual independientemente de quién tenga delante.
Antes necesito saber qué está pasando, con quién voy a trabajar y qué queréis conseguir.
A partir de ahí podemos valorar qué formato tiene más sentido.


SEMANA
«No hace falta esperar a estar con el agua al cuello para aprender a nadar.»
Lo que necesitamos cuando llega un conflicto, la frustración o el estrés se puede entrenar antes.
Porque el bienestar emocional no consiste en estar bien siempre, sino en saber qué hacer cuando no lo estás.
Talleres y formación
Formaciones prácticas para trabajar con equipos sobre gestión del enfado, comunicación consciente, inteligencia emocional y relaciones interpersonales.
Podemos centrarnos en un tema concreto o combinar diferentes habilidades.
Y sí, habrá teoría.
Pero la justa.
Me interesa especialmente que las personas puedan reconocerse en lo que estamos trabajando y pensar:
«Uy. Esto lo hago yo».
Porque es un buen punto de partida.
Charlas y conferencias
Participo en jornadas, encuentros y eventos hablando sobre enfado, inteligencia emocional y relaciones.
Con situaciones en las que es fácil reconocerse y conceptos que se entienden sin tener un máster en psicología.
Acompañamiento individual
Hay situaciones que no necesitan una formación para todo un equipo.
A veces quien necesita trabajar algo concreto es una persona.
También acompaño individualmente a profesionales que lideran equipos y quieren trabajar aspectos relacionados con gestión emocional, comunicación, seguridad personal o límites.
Podemos hablar de enfado.
Pero acabaremos hablando de bastante más.
Porque el enfado rara vez viene solo.
Aparecen las expectativas.
Lo que pensamos que los demás deberían hacer.
La manera en la que interpretamos sus intenciones.
La frustración.
La queja.
Los límites.
Y, por supuesto, cómo conseguimos decir lo que queremos decir cuando empezamos a calentarnos.
Por eso podemos trabajar aspectos como:
gestión del enfado y regulación emocional;
comunicación, empatía y asertividad;
conversaciones difíciles y desacuerdos;
expectativas e interpretaciones;
límites y relaciones;
autoconocimiento;
liderazgo y gestión emocional.
No se trata de trabajarlo todo.
Se trata de identificar qué necesitáis y empezar por ahí.


EL PERIÓDICO
«Por eso necesitamos aprender a hablar el idioma del enfado.»
Y darnos cuenta de cuánto podemos aprender de alguien que nos saca de quicio.
Probablemente, bastante más de lo que nos gustaría.
Muchas veces esa persona es, en realidad, un gran maestro que puede ayudarnos a ser más flexibles.


LA VANGUARDIA
«Muchas veces tenemos al lado a una persona que nos saca de quicio, pero en realidd es un gran maestro del que podemos aprender a ser más flexibles.»
Por eso podemos trabajar aspectos como:
- gestión del enfado y regulación emocional;
- comunicación, empatía y asertividad;
conversaciones difíciles y desacuerdos; - expectativas e interpretaciones;
límites y relaciones; - autoconocimiento;
- liderazgo y gestión emocional.
No se trata de trabajarlo todo.
Se trata de identificar qué necesitáis y empezar por ahí.
Mucha teoría. Pero luego llega la vida real y volvemos a lo de siempre.
Puedes saber perfectamente que antes de responder deberías respirar.
Que conviene escuchar.
Que sería mejor preguntar antes de dar por hecho qué intención tenía la otra persona.
¿A que sí?
Ahora solo falta que te acuerdes de todo eso cuando llevas veinte minutos en una reunión y alguien dice justo eso que te toca las narices.
Ahí está la chicha.
No quiero que alguien termine una formación conmigo pensando únicamente:
«Qué interesante».
Quiero que pueda reconocerse, entender qué le pasa y llevarse recursos para utilizarlos cuando vuelva a encontrarse con una situación parecida.


Mi experiencia con equipos empezó mucho antes de dedicarme a esto
Antes de especializarme en gestión del enfado y comunicación consciente, pasé más de 20 años trabajando en Atención al Cliente liderando equipos.
He tenido objetivos.
He gestionado personas.
He trabajado bajo presión.
He apagado fuegos.
He pensado que algo era evidentísimo y he descubierto que, curiosamente, solo era evidentísimo para mí.
Y también he estado en ese maravilloso lugar entre lo que pide la empresa, lo que necesita el equipo y lo que demanda el cliente.
Así que mi interés por la comunicación y la gestión emocional no nació únicamente de estudiar estos temas.
Nació también de necesitarlos.
Después llegaron el coaching, la especialización y muchos años de seguir aprendiendo
Hoy colaboro en la formación de mentores y desde hace años participo en acciones dirigidas a personal sanitario y no sanitario sobre gestión emocional, emociones y enfado.
También he impartido formación para empresas sobre gestión emocional y he participado en encuentros divulgativos como el Festival Mundial de la Felicidad.
Me preparo cada propuesta y adapto el contenido a las personas que voy a tener delante y a lo que necesitan trabajar.
Soy Sonia Díaz Rois
Mentora y coach especializada en gestión del enfado y comunicación consciente, y autora de Y si me enfado, ¿qué?
Coach acreditada por ICF y EMCC, Co-Active Coach y Experta Universitaria en Inteligencia Emocional por UNIR.
Soy Sonia Díaz Rois
Mentora y coach especializada en gestión del enfado y comunicación consciente, y autora de Y si me enfado, ¿qué?
Coach acreditada por ICF y EMCC, Co-Active Coach y Experta Universitaria en Inteligencia Emocional por UNIR.
Si tienes algo en mente, cuéntamelo
Quizá estás pensando en una formación para tu equipo.
En una charla para una jornada o evento.
En trabajar una situación concreta que está apareciendo dentro de la organización.
O en ofrecer acompañamiento individual a una persona concreta del equipo.
No necesitas tener decidido el formato.
Cuéntame qué está ocurriendo, a quién va dirigido y qué te gustaría trabajar.
Y vemos cómo puedo ayudarte y cuál es la mejor manera de hacerlo.
