
Soy Sonia Díaz Rois.
Y no siempre supe enfadarme bien.
Durante más de 20 años trabajé en Atención al Cliente, liderando equipos.
Y hubo una época en la que me enfadaba bastante.
Con el equipo, con los resultados, con tener que repetir algo cuatro veces, con quien parecía ir a otra velocidad, con quien no hacía las cosas como yo esperaba.
Yo quería que aquello funcionara.
Y cuando sentía que no funcionaba, apretaba.
Durante mucho tiempo pensé que aquello formaba parte del trabajo. Al fin y al cabo, cuando lideras un equipo te piden resultados.
El problema es que yo estaba en medio.
Por un lado, las exigencias de quienes estaban por encima.
Por otro, las necesidades, ritmos y maneras de hacer de las personas del equipo.
De hecho, mis compañeros y yo teníamos un nombre bastante poco técnico para aquel puesto intermedio: «mando intermierda».
Bromas aparte, la realidad es que acabé bastante desgastada.
Hasta que alrededor de los 40 empecé a hacerme otras preguntas
Hubo un momento en el que pensé:
«Esto no puede ser tan complicado.»
Veía a otras personas gestionar situaciones parecidas sin vivirlas con la misma intensidad y empecé a preguntarme:
¿qué me estoy perdiendo?
¿qué es lo que no estoy entendiendo?
Y esas preguntas resultaron ser bastante más útiles que seguir pensando que el problema eran los demás.
Empecé a buscar respuestas.
A leer.
A investigar.
A descubrir conceptos de los que hasta entonces apenas había oído hablar.
Y llegué a la inteligencia emocional.
Aquello abrió una puerta enorme.
Tanto, que decidí especializarme en Inteligencia Emocional en UNIR y seguir formándome después en otras disciplinas que me ayudaron a entender algo que hasta entonces me había resultado bastante misterioso:
por qué hacemos lo que hacemos.
Incluida yo.
Descubrir que los demás no veían el mundo como yo fue toda una revelación
Parece una obviedad. No lo es.
Yo podía mirar una situación y pensar que la manera correcta de hacer algo era evidentísima. El pequeño inconveniente era que solo era evidentísima para mí.


Empecé a comprender hasta qué punto cada persona interpreta lo que ocurre desde su propia historia y su manera de ver el mundo.
Que alguien no hiciera las cosas como yo las habría hecho no significaba necesariamente que no le importaran.
Que necesitara otro ritmo no significaba que no quisiera hacer las cosas bien.
Que no estuviera de acuerdo conmigo no significaba que no me hubiera entendido.
Y comprender a los demás tampoco significaba que tuviera que darles la razón.
Para mí fue como ir petando globos uno detrás de otro.
Cada cosa que aprendía desmontaba alguna certeza anterior y me permitía mirar las mismas situaciones desde otro lugar.
Y poco a poco el foco empezó a cambiar.
Dejé de preguntarme qué tenían que cambiar los demás
Y empecé a preguntarme: ¿qué puedo cambiar yo?
No porque todo dependiera de mí.
Ni porque los demás siempre tuvieran razón.
Sino porque entendí algo que sigue siendo fundamental en mi manera de ver las relaciones:
no puedes controlar lo que hacen los demás, pero sí puedes trabajar en tu manera de interpretar, sentir y responder a lo que ocurre.
Empecé a comprender qué se había ido grabando en mi «disco duro».
Qué expectativas tenía. Qué me activaba. Qué historias me contaba sobre las intenciones de los demás.
Y qué hacía yo con todo eso.
Ahí cobró sentido una frase que desde entonces me acompaña:
Cuando tú cambias, todo cambia.
No porque mágicamente cambie el mundo.
Sino porque cambia tu manera de estar en él.
Y todo aquello me llevó al enfado
No amanecí una mañana con un pensamiento revelador:
«Voy a especializarme en enfado».
Llegué hasta él porque yo necesitaba entender el mío.
Y cuanto más profundizaba, más claro veía que detrás de muchas situaciones que nos complican la vida hay habilidades que nadie nos ha enseñado.
En el cole nos enseñaron los colores, los ríos, las montañas y unas cuantas cosas más que ahora mismo quizá tendríamos que buscar en Google.
Pero nadie nos enseñó qué hacer cuando alguien no nos escucha, cómo poner un límite sin atacar, cómo gestionar la frustración o cómo pedir lo que necesitamos.
Y todo eso se puede aprender.
Por eso hago lo que hago.
Porque creo que muchas veces nos complicamos la vida más de lo necesario porque nos faltan habilidades y recursos que nadie nos enseñó.
EN LA VOZ DE GALICIA
«El enfado hay que permitirlo siempre»
Una conversación sobre mis años liderando equipos, el cambio que empecé alrededor de los 40 y cómo aquel proceso me llevó a especializarme en gestión del enfado.


Todo lo que aprendí acabó convirtiéndose en mi trabajo
Soy Sonia Díaz Rois, mentora y coach especializada en gestión del enfado y comunicación consciente.
Acompaño a personas que quieren conocerse, entender por qué determinadas situaciones les sacan tanto de quicio y aprender otras maneras de gestionar lo que sienten y relacionarse mejor con los demás.
No para convertirse en otra persona ni para conseguir que todo deje de molestarles.
Sino para dejar de poner toda la energía en intentar cambiar a los demás y empezar a trabajar también en la parte que sí está en sus manos.
Porque en nuestras relaciones todos participamos.
Y asumir nuestra parte de responsabilidad no significa echarnos la culpa de todo.
Significa reconocer dónde tenemos capacidad para hacer algo diferente.
Eso es lo que más me interesa de este trabajo.
No decirte cómo deberías enfadarte.
Ayudarte a conocerte, darte recursos y entrenar tu capacidad para elegir qué haces con lo que sientes.
Mi experiencia fue el principio. Después vino la formación.
Y sigue viniendo.
Estoy acreditada como coach por ICF (International Coaching Federation) y EMCC (European Mentoring & Coaching Council) y también soy Co-Active Coach.
Además, soy Experta Universitaria en Inteligencia Emocional por UNIR y Master Practitioner en PNL (AUNLP).
Además, me he formado en Motivación Inteligente, CoachingxValores, Inteligencia Relacional, Eneagrama y Atención Plena.
Y me sigo formando porque, cuanto más sabes, más te das cuenta de que no sabes.
Y, francamente, menos mal.
Y un día todo aquello acabó convirtiéndose también en un libro
En 2024 publiqué Y si me enfado, ¿qué?
Un libro que recoge muchas de las preguntas que dieron origen a todo este camino y buena parte de lo que he aprendido después acompañando a otras personas.
Porque antes de intentar controlar el enfado, necesitamos entenderlo.

Si has llegado hasta aquí, quizá algo de todo esto te resulte familiar
No puedo conseguir que las personas que te rodean hagan siempre lo que tú quieres.
Nos facilitaría bastante el trabajo, pero va a ser que no.
Tampoco puedo prometerte que nada te vuelva a molestar.
Lo que sí podemos hacer es trabajar para que te conozcas mejor, entiendas tu manera de enfadarte y tengas más recursos para decidir qué haces cuando algo te molesta.
Porque puede que algunas cosas que hoy te parecen inevitables sean, en realidad, cosas que todavía no has aprendido a hacer de otra manera.
Y eso se puede entrenar.




