¿Te pasa que cuando intentas ser asertiva te sientes borde?
O al revés: ¿prefieres callarte para no parecerlo y acabas tragándotelo todo?
La asertividad no va de soltarlo todo sin filtro, ni de callarte para no incomodar. Va de encontrar ese punto intermedio en el que te expresas con claridad y respeto, cuidándote a ti y respetando a los demás.
El mito de la asertividad
Muchas veces confundimos ser asertivas con ser bordes. Y eso nos lleva a dos extremos:
🔹 Callar para no parecer duras.
🔹 Hablar desde la rabia acumulada y soltar sin filtro.
Pero la realidad es que la asertividad no tiene nada que ver con el tono de borde ni con ser sumisa. Tiene que ver con hablar desde tu verdad, de forma clara, sin herir al otro ni pisarte a ti.
¿Por qué confundimos asertividad con ser borde?
Porque hemos aprendido que para ser “buena persona” hay que callar, aguantar y no crear conflictos. Entonces, en el momento en que ponemos un límite claro, nos sentimos malas personas, bordes o egoístas.
Y no, no lo somos.
¿Y la sumisión?
Por miedo a ser bordes, caemos en el otro extremo: la sumisión. Callamos, tragamos, asentimos aunque algo no nos guste. Y esa falta de expresión acaba saliendo después en forma de reproche, enfado o distanciamiento.
Cómo aprender a ser asertiva sin sentirte borde (ni sumisa)
✅ Reconoce tus necesidades y valídalas tú primero.
✅ Expresa lo que sientes y piensas con un tono neutro y palabras claras.
✅ Recuerda: poner un límite no es ser borde. Es cuidarte.
✅ Pregúntate antes de hablar: ¿Qué quiero conseguir con esto? ¿Desde dónde lo estoy diciendo?
La asertividad es como un músculo. Si no la has entrenado, es normal que al principio no te salga con la suavidad y la firmeza que quieres. Pero con práctica, tu comunicación se convierte en tu mejor herramienta para cuidarte sin dañar a los demás.
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